Francia teme que el atentado de París sea la primera advertencia yihadista antes de los Juegos Olímpicos

Según los servicios de seguridad, Francia ha sufrido la primera «advertencia» de lo que «pudiera ocurrir» antes o durante los Juegos Olímpicos que deben celebrarse el año que viene: un muerto y dos heridos graves, víctimas de un francés «convertido» al yihadismo, gritando «¡Alá u-Akbar Alá es el más grande!».

Armand R., el autor del crimen, según numerosos testigos y las fuerzas del orden que lo detuvieron, con rapidez, nació el mes de marzo de 1997, en Neuilly-sur-Seine (Hauts-de-Seine), una periferia acomodada, en una familia nacionalizada francesa de origen iraní.

Armand R. se convirtió al islam hace pocos años y se radicalizó a través de internet, estableciendo contactos y relaciones muy diversas con grupúsculos e individuos de muy diverso origen y sensibilidad. Estaba fichado como simpatizante del yihadismo islámico desde hace años. El 2018 fue condenado por vez primera por delitos relacionados con el terrorismo. Durante un tiempo, había seguido un «tratamiento psiquiátrico», que abandonó voluntariamente.

Condena firme

A primera hora de la mañana del domingo, Francia descubre, horrorizada, que este nuevo crimen yihadista pudiera ser una «advertencia». Varios especialistas que prefieren guardar el anonimato, hacen mismo análisis: «No nos engañemos. Quizá se trate de una primera advertencia de lo que pudiera ocurrir las próximas semanas, los próximos meses, cuando se vayan aproximando los Juegos Olímpicos del año que viene».

Emmanuel Macron y su primera ministra, Élizabeth Borne, han reaccionado al unísono: «Francia está unida ante las amenazas. Nunca cederemos ante el terrorismo».

Armand R. se convirtió al islam hace pocos años y se radicalizó a través de internet

En el terreno político, el centro derecha próximo a Macron, la derecha tradicional, la extrema derecha, el PS, el PCF y los ecologistas denuncian con energía muy semejante el crimen yihadista. La extrema izquierda de La Francia Insumisa, liderada por Jean-Luc Mélenchon, guardaba un llamativo silencio doce horas después del baño de sangre.